Rapsodomancia y Bibliomancia, el Futuro en un libro

Emily Dickinson

Cuándo algo me preocupa mucho y la impaciencia no calla en mi cabeza buscando respuestas, suelo escoger alguno de mis libros favoritos, abrirlo sin mirar por dónde, poner un dedo en un punto de una de las dos páginas que quedan al descubierto y leer el párrafo que haya quedado, por puro azar, señalado. En la mayoría de los casos, siento que lo leído me ayuda a enfocar la visión del camino que tengo por delante y me sirve de guía. Si no entiendo la respuesta, repito la pregunta para ayudarme a comprender.

Lo que no sabía hasta hace muy poco era que ese sencillo ritual tan especial para mí está reconocido como Mancia con los nombres de Rapsodomancia, Bibliomancia o incluso Esticomancia, desde hace miles de años para conocer el Futuro. Entre las diferencias que he encontrado entre ellas es que la Rapsodomancia se practicaba con libros de poesía y la Bibliomancia con libros concretos según la época de la que se tratase.

Aunque este tipo de ritual de adivinación se practicó y extendió sobre todo en la Edad Media, en la que solía utilizarse la Biblia, ya en la Antigua Roma se conocía. En tiempos del gran Imperio Romano, el futuro se profetizaba a través de La Eneida de Virgilio, autor al que se le atribuía el don de la profecía.

Hoy en día podemos atrevernos a vislumbrar lo que nos depara con cualquiera de nuestros libros preferidos. Eso si, recuerda que has de dejarte guiar por la intuición y escoger uno de un autor o autora que sientas que te puede ayudar porque conecta contigo cuando lo lees. Una vez tengas ante ti el párrafo, o verso si se trata de un libro de poesía, que por azar hayas escogido, léelo con tranquilidad y la mente abierta. El mensaje, por muy escondido que parezca, está ahí, esperando pacientemente a ser comprendido por ti.

Imagen: Poema de Emily Dickinson

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