La magia del Chamanismo

Chaman

Seguro que todos hemos visto esa clase de películas donde aparecen tribus de diferentes culturas donde aparece el típico “brujo” o curandero. Habitualmente se le representaba lleno de abalorios, siniestro y con muy mal carácter. Toda la tribu lo veneraba y lo temía. Pero nada de eso tiene que ver con el chamanismo verdadero… ¿o si?

El chamanismo es un conjunto de creencias y prácticas acumuladas a través de los tiempos cuyo propósito es el diagnóstico y la curación del sufrimiento humano. De los chamanes se ha dicho que son capaces de viajar a los diversos planos de la existencia y proyectarse astralmente, adivinar el pasado y el futuro, interpretar los sueños e incluso controlar las estaciones.

Al contrario de lo que algunos puedan pensar, el chamanismo no es una religión en sí. Hay chamanes en todas las religiones.

Puede decirse que es una forma de conocimiento espiritual, ya que su premisa básica es la de que el mundo que conocemos y vemos está influenciado por energías invisibles que nos afectan. Para trabajar con estas fuerzas invisibles, el chamán debe adquirir su propio conocimiento mediante su propia experiencia.

En algunas culturas se cree que los poderes chamánicos no se buscan, sino que se heredan de un familiar a otro. En otras están convencidos de que el chamán ha sido elegido por el mundo espiritual. Por ejemplo, en algunas tribus de Siberia, cuando uno de sus componentes sufre lo que en la medicina occidental se denomina un episodio psicótico, ellos lo interpretan como la orden de un espíritu para que el individuo asuma su papel como chamán.

Sin embargo, también sucede que es la propia persona quien busca el papel de chamán a través de la llamada “búsqueda de la visión”, con la que se pretende una comunión y una comunicación con los espíritus.

Para realizar su trabajo, el chamán suele contar con ayuda en el mundo espiritual. Son las entidades de aquellos familiares que han fallecido y que han tomado forma de espíritus animales, de plantas medicinales e incluso de viejos chamanes que han pasado a la otra vida.

Aunque he comentado anteriormente que la causa de la enfermedad está en el mundo espiritual, concretamente en las fuerzas negativas, se usan tanto los métodos espirituales como los físicos para sanar.

A veces al chamán usa la capacidad de entrar en el cuerpo del enfermo para encontrar a su espíritu y así curarlo. Otras veces basta con su extraordinario conocimiento de las plantas para elaborar un tratamiento adecuado a su paciente. Incluso en alguno lugares, el chamán aprende de la propia planta, o mejor dicho, del espíritu de la planta, con el que éste se pone en contacto para pedirle información. Luego le pide permiso para tomar un poco de ella y usarla para curar.

Si viajamos alrededor del mundo, podríamos ver que la gente divide a los chamanes en tres tipos: los que curan, los que hacen daño e incluso matan, y los que hacen las dos cosas. Esa es la razón primordial por la que esta figura ancestral tiene tanto poder e influencia dentro de su comunidad, tanto para lo bueno como para lo malo.

Una cosa es cierta. El chamán es un ser dotado de gran valor. El riesgo que entraña lo que hace es muy alto. El mundo de los espíritus, el mayor enemigo de cualquier chamán y todas las técnicas que usa para sus míticos y universalmente conocidos estados alterados de conciencia, con los que puede viajar en el tiempo, transformarse en animal o vegetal o salir fuera de su cuerpo, pueden ser trampas que le lleven a caminos sin retorno. Ciertamente, no es una existencia para cobardes.

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