Espejos, elementos mágicos en la antigüedad

Espejos en la Antiguedad

Incluso antes de su invención, el hombre consideraba su reflejo como una imagen de su destino. Para ello utilizaba la superficie del agua de los estanques y de los lagos de aguas tranquilas. Si aquel otro yo que aparecía en las cristalinas aguas se mantenía imperturbable, todo iría bien. En el caso contrario, si las ondas distorsionaban el rostro del sujeto no había duda alguna: el futuro se presagiaba terrible y lleno de desgracias. Hoy en día, ¿quién no tiene un espejo en su casa?… Este familiar objeto cuya misión principal es reflejar nuestra propia vanidad fue, durante mucho tiempo, el protagonista indiscutible de la mayoría de las supersticiones en todas las culturas.

Los egipcios y los griegos fueron los primeros en usar el espejo de metal, prácticamente indestructible y que ellos creían dotado de poderes mágicos. No sé si lo sabéis, pero a la diosa Venus se la representa con un espejo de cobre, lo que le añadía también propiedades divinas.

Pero fueron los romanos quienes introdujeron el espejo de vidrio y los que establecieron la creencia de que quien rompe un espejo tiene siete años de mala suerte. La razón de esta creencia la encontramos en que se creía que cada siete años cada hombre renacía (hoy en día está demostrado que cada siete años todas nuestras células se han regenerado y ya no somos los “mismos”). Además, dado que el fabricar un espejo era considerado un arte tan sagrado como construir templos o tallar estatuas de dioses, romper uno de ellos era poco menos que un sacrilegio que aseguraba el castigo divino.

Por otra parte, en la antigüedad se creía que los espejos no sólo reflejaban al individuo en cuestión, sino a su alma. Si a un bebé se le ponía delante de uno, peligraba su vida, dado que su alma aún no había madurado lo suficiente y el hecho de reflejarla en un espejo adelantaba el proceso y con ello la muerte. Cuando un espejo se agrietaba o se rompía en pedazos ante un sujeto, era una señal de que su alma también se había roto y pronto llegaría su fin. En el mejor de los casos, si su destino no era la muerte, la rotura del espejo era obra de los mismos dioses que con ello pretendían impedir que la persona viera las terribles desgracias que iban a acontecer en su vida.

Menos mal que los romanos eran previsores y no sólo crearon la maldición del espejo, sino también el ritual para deshacerla. Tan sólo había que esperar unas horas antes de recoger los pedazos y luego enterrarlos bajo la luz de la luna. Con esta sencilla operación se disipaba todo mal.

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2 comentarios

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  1. Mikami Hostlack dice:

    Hola!!
    Muchas gracias por este articulo, siempre se me rompen espejos y saber que hay una forma de curar la maldición de los siete años de mala suerte ha sido un alivio, la recordare la próxima vez que se me rompa un espejo ^^
    Mikami

  2. Judith dice:

    ¿ No has pensado en usar uno de cobre, tal como hacían los antiguos griegos? 🙂

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