Rito funerario del Tíbet

Tibet

La religión tibetana es rica en ritos y rituales. Cada día muchos de ellos son realizados en templos y en otros muchos lugares, dependiendo de las circunstancias y de su propósito. A lo largo de todo el año se celebran rituales especiales como aquellos destinados a evitar enfermedades, a pedir buenas cosechas, a ahuyentar malos espíritus o de agradecimiento a los dioses, entre otros.

Una de las ceremonias más importantes y trascendentes para los tibetanos es el celebrado el día que parten al más allá, porque es el momento en el que el alma inicia su viaje hacia la próxima vida.

Durante los tres o cinco días después del fallecimiento de la persona, los monjes acuden al lado del difunto y recitan versos del Bardo Thodol (Libro Tibetano de Los Muertos), el cual contiene una valiosa guía para que el alma sepa guiarse a través de ese viaje.

La ayuda consiste en ayudar al espíritu a cruzar con éxito los tres bardos o estadios de transición. Y son los siguientes:

  • Primer Bardo: la persona aún no es consciente de que ha muerto y se siente perdida y confusa. Las oraciones de los lamas le ayudan a asumirlo y a continuar el camino. Aparecerá una luz brillante que debe aceptar sin temor para alcanzar la liberación y pasar al bardo siguiente. De lo contrario permanecerá en una especie de purgatorio.
  • Segundo Bardo: Una vez que el individuo ha asumido su propia muerte, vuelve a revivir su vida entera con las mismas sensaciones que tuvo en su existencia terrenal, y comienza a sentir la necesidad de renacer de nuevo.
  • Tercer Bardo: Dependiendo de cómo haya sido el comportamiento en vida de la persona ( y eso lo certificará la experiencia del revivir), ésta será dirigida hacia su nueva existencia y su nuevo cuerpo.

Una vez finalizado la misión de los lamas, la víspera del entierro se coloca el cuerpo del difunto en posición fetal y al día siguiente es trasladado a las montañas. El encargado de realizar el ritual del entierro deposita el cadáver boca abajo en el suelo y comienza a descuartizarlo, empezando por la espalda y luego por las extremidades. Se cortan la carne y los músculos y luego los huesos son triturados y mezclados con tsampa, una harina tostada típica del Tibet.

El olor atraerá a los buitres y serán ellos los encargados de terminar el trabajo. Finalmente, los restos que queden serán recogidos por los monjes, incinerados y esparcidos por el aire, porque de lo contrario el alma del difunto quedaría atada a la tierra.

Aunque esta costumbre tibetana nos pueda parecer atroz, es una forma de contribuir al ciclo de la vida. Un cuerpo sin alma es un cuenco vacío. A través de los buitres, que en realidad no matan, el cuerpo es aprovechado para continuar ese ciclo. Y además, mediante este proceso, una parte de la persona permanece en el cielo.

Existen algunas normas que deben observarse durante los entierros y funerales tibetanos. La familia no puede estar presente en el ritual, ni tampoco puede visitar el hogar del fallecido la persona encargada de descuartizar su cuerpo, al menos durante dos días, no fuera que trajese consigo el alma del individuo de regreso a su casa.

Foto Vía: www.nowpublic.com

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